{"id":884,"date":"2025-07-13T20:26:52","date_gmt":"2025-07-13T23:26:52","guid":{"rendered":"https:\/\/radiola25.com.ar\/?p=884"},"modified":"2025-07-13T20:26:52","modified_gmt":"2025-07-13T23:26:52","slug":"impotencia-colectiva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radiola25.com.ar\/index.php\/2025\/07\/13\/impotencia-colectiva\/","title":{"rendered":"(Im)potencia colectiva"},"content":{"rendered":"\n<p>Vertiginosos cambios de todo tipo arrollaron nuestras m\u00e1s caras banderas populares. Volver a levantarlas en el siglo 21, sin embargo, y retomar un ideario que ya parece haberse dado casi por perdido, tal vez requer\u00eda aprender a probar este sin sabor de la derrota. Quien supo dar cuenta como nadie de la resiliente potencia popular fue R. Kusch, y releerlo a la luz de la arqueolog\u00eda de la potencia propuesta por G. Agamben permite apreciar la audaz actualidad de su pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"720\" height=\"480\" src=\"http:\/\/radiola25.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/image-1.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-836\" srcset=\"https:\/\/radiola25.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/image-1.png 720w, https:\/\/radiola25.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/image-1-300x200.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">1<\/h5>\n\n\n\n<p>En el actual debate pol\u00edtico argentino resulta llamativa la absoluta prescindencia de un enfoque cultural alternativo a la mentalidad colonial. Los vientos de la globalizaci\u00f3n parecen haber echado por tierra toda problematizaci\u00f3n situada de emancipaci\u00f3n, pero una reflexi\u00f3n sobre lo nacional y popular no tendr\u00eda que manifestar necesariamente un car\u00e1cter provinciano. Una verdadera cr\u00edtica a la mentalidad colonial desarrolla e inaugura conceptos a partir de nuestra singularidad, al contrario, que no nos encierra dentro de nosotros mismos sino que afectan a la entera civilizaci\u00f3n. Y esto mismo es justo lo que hace de Rodolfo Kusch un pensador argentino de talla universal, pues la propuesta americanista no se reduce para \u00e9l nunca a la apertura propia del estar originario que \u00e9l propone como caracter\u00edstica de nuestros pa\u00edses sino que supone, y exige siempre, el mestizaje propio de una simbiosis, muchas veces obviamente conflictiva, del estar originario con la perspectiva colonizadora del ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda muy sesgado, y poco fiel al pensamiento kuscheano, interpretar entonces su tematizaci\u00f3n del &#8216;mero estar&#8217; como una modalidad simplemente contraria a la del &#8216;ser alguien&#8217;: eso ser\u00eda ver las cosas desde el mismo lado esquem\u00e1tico del colonizador que, para afirmarse verdadero, precisa considerar falso todo lo que \u00e9l no es. Lo que Kusch est\u00e1 proponiendo, y por lo que termina destac\u00e1ndose de manera muy especial dentro de toda la problematizaci\u00f3n americanista del pasado siglo, es en la oportunidad sin par que brinda nuestra circunstancia hist\u00f3rica y geogr\u00e1fica tan especial para el surgimiento de una perspectiva pol\u00edtica que se proponga efectivamente nueva.<\/p>\n\n\n\n<p>Lejos de atribuir al estar una exclusividad americana, Kusch entiende que la entera raza humana se manten\u00eda al principio sorda por completo a las exigencias del querer ser alguien. S\u00f3lo su posterior establecimiento en ciudades hace que sea ello algo valioso, y s\u00f3lo por eso abandona paulatinamente esa modalidad primitiva del estar. Pero es reci\u00e9n con la confederaci\u00f3n de ciudades en el Estado como se consolida una imagen del mundo ya totalmente antropomorfizada: dentro de esos muros, que envuelven ahora la novedosa alianza de la religi\u00f3n y la pol\u00edtica, es como la especie humana logra una novedosa garant\u00eda de seguridad que, a\u00fan cuando por supuesto relativa, resulta capaz ya de superar o al menos contener esa continua zozobra que defin\u00eda su vida anterior en la intemperie.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabiendo que nada de lo que los humanos hici\u00e9ramos ten\u00eda un fundamento cierto y necesario, conviv\u00edamos primitivamente en la naturaleza con los dem\u00e1s en permanente contacto con el caos. La actual autoexigencia de ser alguien era algo no s\u00f3lo completamente indiferente, sino contrario a nuestro modo tribal de vivir. Pero gracias a la protecci\u00f3n brindada por la ciudad sentimos que podemos vencer gran parte de esa inestabilidad existencial que Kusch tan bien grafica, metaf\u00f3ricamente, como una disyuntiva entre ma\u00edz o maleza. Y as\u00ed el miedo a la posibilidad de la maleza se revela entonces como la verdadera cara oscura del ser alguien, ya que fuera o antes de refugiarnos en la ciudad la naturaleza nos manten\u00eda, desde el nacimiento hasta la muerte, inevitablemente siempre en vilo.<\/p>\n\n\n\n<p>Quienes hoy buscamos, casi a tientas, una reformulaci\u00f3n pol\u00edtica capaz de gestar un lazo comunitario de nuevo orden, no podemos desatender al hecho de que lo \u00fanico que nos sostiene desintegrados de nosotros mismos, de los dem\u00e1s, y en definitiva del cosmos, no es otra cosa, entonces, que el miedo. Y que a diferencia de ese otro sano miedo a la incertidumbre, no se expresa s\u00f3lo en su sentido literal bajo la forma de la posibilidad de la maleza sino que ya supone, a la vez y de manera se\u00f1alada, el miedo al mismo tiempo a una l\u00f3gica para la cual el pensar naufraga, a la vez que sale nuevamente a flote, al experimentarse transfigurado por lo emocional.<\/p>\n\n\n\n<p>La potencia popular jam\u00e1s se parece a la t\u00edpica impostura propia del querer ser alguien. Constantemente apareciendo y resurgiendo de la hermandad con su fr\u00e1gil esencia, el existir de la modalidad caracter\u00edstica del estar resulta s\u00f3lo posible a partir y en funci\u00f3n parad\u00f3jicamente, entonces, del reconocimiento de su misma imposibilidad. Y el abordaje de su emocionalidad caracter\u00edstica encontrar\u00eda en esta espec\u00edfica impotencia, en consecuencia, su mism\u00edsima condici\u00f3n de posibilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las frases filos\u00f3ficas clich\u00e9s de este tiempo, y la probablemente m\u00e1s famosa en ciertos c\u00edrculos sea la spinoziana afirmaci\u00f3n de que nadie sabe lo que puede un cuerpo. Con ella se est\u00e1 diciendo muy poco dado que, precisamente, el propio Spinoza reconoc\u00eda no saber nada respecto del poder que al cuerpo le corresponda. Pero al mismo tiempo se estar\u00eda diciendo mucho, puesto que advertir\u00eda que con respecto al cuerpo el saber permanece ciego e incluso ser\u00eda impermeable a su imperio. Y exactamente lo mismo cabr\u00eda decir tambi\u00e9n del pueblo, por supuesto, dado que no s\u00f3lo nadie sabe lo que puede sino que lo que \u00e9l pueda o no est\u00e1 por completo fuera de la \u00f3rbita de lo calculable y lo predecible mismo.<\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">2<\/h5>\n\n\n\n<p>El uso m\u00e1s cotidiano de la palabra \u2018potencia\u2019 se asimila equ\u00edvocamente a una manifestaci\u00f3n de poder\u00edo. Mayor o menor potencia resultan as\u00ed meros sin\u00f3nimos de la mayor o menor fuerza con la que usualmente medimos la capacidad de mover determinado objeto. De esta manera, el uso cotidiano de la palabra &#8216;potencia&#8217; nombra siempre la dimensi\u00f3n de su resultado y separada de \u00e9l carecer\u00eda de raz\u00f3n de ser. No en vano, cuando hoy se habla entonces de \u2018empoderamiento\u2019 y de \u2018seres empoderados\u2019, nunca se lo hace por lo tanto, y lamentablemente, demasiado fuera de un marco neoliberal signado por el esp\u00edritu empresarial de ese marketinero &#8216;just do it&#8217;, consigna para la cual todo se mide en funci\u00f3n del \u00e9xito o el fracaso.<\/p>\n\n\n\n<p>En lenguaje filos\u00f3fico, la potencia resulta desde siempre un concepto que hace referencia, en cambio, a algo bastante parecido a lo que coloquialmente llamar\u00edamos &#8216;potencial&#8217; &nbsp;y, por lo tanto, a lo que puede ser aunque sin garant\u00edas ciertas de que en definitiva llegue a realizarse. En este sentido m\u00e1s t\u00e9cnico, entonces, designa lo que no es actual pero podr\u00eda llegar a actualizarse. As\u00ed, para que un bloque de m\u00e1rmol se convierta en estatua resulta necesario, seg\u00fan Arist\u00f3teles, que la materia adquiera una forma o, lo que resulta lo mismo, que la figura que est\u00e1 en potencia en lo material sea en acto por intermediaci\u00f3n de un escultor.<\/p>\n\n\n\n<p>En seres animados sucede algo bien distinto, porque en ellos el paso de la potencia al acto no requiere de un agente externo. Y en el espec\u00edfico caso de los seres humanos la diferencia se acent\u00faa todav\u00eda m\u00e1s, dado que no s\u00f3lo agente y paciente coinciden en el caso nuestro sino que habr\u00e1 que distinguir incluso una ins\u00f3lita potencia rebelde que juega a decirse no a s\u00ed misma. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando un m\u00fasico como J. Cage compone una obra de puro silencio titulada 4:33: nadie que no fuese un m\u00fasico podr\u00eda hacer de ella una composici\u00f3n musical, dado que es s\u00f3lo porque Cage sabe componer que puede darse el lujo de sentarse al piano con el dedo en alto durante cuatro minutos y medio.<\/p>\n\n\n\n<p>Para graficar este espec\u00edfico modo de la potencia de los seres humanos, G. Agamben se sirve entonces de una descripci\u00f3n de las facultades sensoriales e intelectuales como ver, escuchar y pensar, para ejemplificar que cuando no est\u00e1n propiamente en funciones (y no se actualizan), no por ello est\u00e1n bloqueadas sino, mas bien, anestesiadas. Si no hay luz, vemos las tinieblas; si no hay sonidos, escuchamos el silencio; si no pensamos en algo, pensamos lo no pensable. Y ello es, seg\u00fan Agamben aunque siempre en l\u00ednea con Arist\u00f3teles, justamente lo que nos hace humanos: poder, de alguna extra\u00f1a y parad\u00f3jica manera, la propia impotencia.<\/p>\n\n\n\n<p>En paralelo con la concepci\u00f3n restringida a la potencia, &#8216;impotencia&#8217; resulta un t\u00e9rmino que en lenguaje corriente condena y pr\u00e1cticamente remite a un insulto: sin\u00f3nimo de no poder, se utiliza casi en exclusiva referido al \u00e1mbito sexual. Pero G. Agamben, siguiendo a Arist\u00f3teles, habla de una impotencia que nunca se refiere sin embargo a algo como un no poder sino un extra\u00f1\u00edsimo poder-no. Y para comprender el tipo y el alcance del misterioso poder del poder-no es preciso tomar nota que la potencia, en principio, no se confunde sin mas con el poder ya que hay una parte de la potencia que se le sustrae.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8216;Potencia&#8217; no es lo mismo que &#8216;poder&#8217;. Por eso es que la impotencia no significa para Arist\u00f3teles y Agamben no poder algo, sino otra cosa muy distinta. \u00bfQu\u00e9 nombra para ellos la impotencia?: en principio, podr\u00eda decirse que se conecta con la apreciaci\u00f3n existencial de que no es lo que podemos o lo que no podemos lo que define nuestra vida sino, mas bien, la manera como encaremos lo que podamos y no podamos. Y es para dar cuenta de esta especial conformaci\u00f3n de la subjetividad que no se mide a s\u00ed misma por el \u00e9xito o el fracaso que se hace preciso rescatar otro criterio para definir lo que representa actuar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cundo suponemos que pasar a la acci\u00f3n consiste actualizar simplemente una potencia, la potencia como tal obviamente desaparece. Pero si entendemos el actuar como una previa negaci\u00f3n de la impotencia, la propia potencia-de-no est\u00e1 lejos de desaparecer al pasar al acto: lo que se agota es el poder, pero el poder-no permanece intacto. Y esta manera de entender el pase a la acci\u00f3n, sutilmente mediada ahora por la impotencia, a\u00fan cuando resulta una clase de poder se trata as\u00ed, entonces, propiamente de un poder sin sujeto.<\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">3<\/h5>\n\n\n\n<p>Es cierto que Kusch no utiliz\u00f3 nunca la palabra \u2018populismo\u2019, pero toda la indagaci\u00f3n sobre el estar americano no es otra cosa que recurrentes esbozos o derivas para desarrollar, especialmente en sus dos \u00faltimas obras, los elementos caracter\u00edsticos de una l\u00f3gica popular. No una l\u00f3gica de &#8216;lo&#8217; popular, precisamente, como si el pueblo fuese para ella un objeto m\u00e1s de estudio, sino mas bien popular a secas: de all\u00ed la originalidad de un pensamiento que asume como punto de partida el propio estar del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>En&nbsp;<em>La Negaci\u00f3n del Pensamiento Popular<\/em>, Kusch se esmera en se\u00f1alar, entonces, que si para esa l\u00f3gica proposicional propia de la mentalidad colonial el sentido de la verdad responde a leyes independientes de la experiencia, para una popular en cambio la verdad toma un sentido ontol\u00f3gico pues se origina vinculada con las circunstancias. Lo popular se articula as\u00ed como una espec\u00edfica forma de comprender esta vinculaci\u00f3n, y en ello reside la distinci\u00f3n entre partir del ser alguien o del mero estar. Es por eso que las dicotom\u00edas analizadas anteriormente por Kusch entre el ser y el estar, o lo pulcro y lo hediendo, o lo fasto y lo nefasto, se subsumen en definitiva con la que tensa en sus \u00faltimos textos a una mentalidad colonial con el pensamiento popular.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras la mentalidad colonial se organiza en funci\u00f3n de esa l\u00f3gica formal en la que la verdad implica una mera negaci\u00f3n de la falsedad, la verdad ontol\u00f3gica, dice Kusch, resulta en cambio una totalizaci\u00f3n de mi ser a partir de la negaci\u00f3n que me ofrecer\u00edan las circunstancias. Porque tanto si se realiza como si no, el vivir se manifiesta constantemente expuesto a la amenaza de su falsaci\u00f3n en las diversas formas como ellas se opongan a su proyecto. Si la l\u00f3gica proposicional de la mentalidad colonial establece entonces una discontinuidad neta entre lo falso y lo verdadero, una comprensi\u00f3n de la verdad a partir del mero estar, al rev\u00e9s, supondr\u00eda una paradojal contig\u00fcidad con su propia falsedad. &#8216;Ma\u00edz o maleza&#8217; es la disyuntiva de cuyo equilibrio la l\u00f3gica popular hace su elemento.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo que lleva impl\u00edcito el pensamiento popular, parece rondar sobre un eje que evita apoyarse en un fundamento \u00faltimo y admite siempre, por lo tanto, al tercero excluido. La negatividad que Kusch atribuye entonces a lo americano es esa que niega lo dado a nivel perceptivo para apuntar con ello al trasfondo humano, entrando as\u00ed a un campo de indeterminaci\u00f3n. El crecimiento de un determinado proyecto no representar\u00eda por eso un proceso de concientizaci\u00f3n basada en el progreso de una idea determinada sino, en resumidas cuentas, de nuestra voluntad de vivir. Pero \u00e9sta es una conclusi\u00f3n a la que se llega s\u00f3lo cuando entendemos al proyecto de vida liberado de la carga de sostener un ser para los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando lo popular se asocia con algo distendido o l\u00e1bil y se reduce as\u00ed a la \u2018mera opini\u00f3n\u2019, domina el prejuicio de esa l\u00f3gica proposicional que toma a la contradicci\u00f3n como algo peyorativo.&nbsp;<em>La negaci\u00f3n del pensamiento popular<\/em>&nbsp;se embarca por eso en defensa de la opini\u00f3n como el \u00e1mbito m\u00e1s propio del estar para recordarnos que la supuesta falta de rigurosidad que se le adjudica delata a una mentalidad como la colonial para la cual el \u00fanico orden seguro es el \u00e1mbito de la realidad. Porque el rechazo de la raz\u00f3n a lo aparente de la opini\u00f3n, por un lado, y su preferencia de lo esencial, por otro, se da s\u00f3lo en tanto y en cuanto la raz\u00f3n rechaza lo contradictorio creyendo as\u00ed poder olvidar definitivamente al caos.<\/p>\n\n\n\n<p>La validez de un juicio en el pensamiento popular no radica en s\u00ed mismo sino en la intersecci\u00f3n misma entre lo afirmado y lo negado: en esa \u00e1rea vac\u00eda, lo que aparece ya no es un conocimiento sino un operador seminal. Un operador seminal, insiste por ello Kusch, es un pensamiento propiamente mand\u00e1lico, en el que los elementos conscientes pasan a un segundo plano y se destaca en cambio el plano que no dice nada en concreto pero que est\u00e1 cargado de significaci\u00f3n: ah\u00ed las denotaciones tienen un car\u00e1cter de revelaci\u00f3n, y rozan lo sagrado.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se piensa es para abordar lo emocional: no al rev\u00e9s. Por eso el pensamiento popular no ve nunca cosas, sino propiamente significados. Ser\u00eda incomprensible una aprehensi\u00f3n de lo sagrado, concluye Kusch, sino sobre esta puesta en suspenso del car\u00e1cter emp\u00edrico de las cosas y la transformaci\u00f3n de s\u00ed mismas en s\u00edmbolos. La emocionalidad se muestra as\u00ed como una fuente energ\u00e9tica por excelencia al brindarnos una verdad para decidir cursos de acci\u00f3n. Mas la palabra cargada de sentido simb\u00f3lico, obviamente, carece de esa univocidad de sentido que aducir\u00eda la de la conciencia, ya que la opini\u00f3n no somete nunca el juicio a su verificaci\u00f3n sino que deja librada la fuente de decisi\u00f3n al \u00e1rea emocional.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto la opini\u00f3n como la emocionalidad son algo por lo que uno se deja llevar. Por eso mismo es que a la emocionalidad no la rige, entonces, la l\u00f3gica formal sino la del estar, y lo que cuenta no es ya salvar la distancia entre uno y el mundo sino aprender a discriminar entre lo fasto y lo nefasto, que son los operadores seminales para cargar de sentido en definitiva al mundo. En lugar de regirse por el principio de no contradicci\u00f3n, los operadores seminales sirven entonces para brindar un sentido que s\u00f3lo puede instalarse y ofrecer una indicaci\u00f3n para la acci\u00f3n cuando se supera la contradicci\u00f3n con una tercera posibilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo propio del estar resulta expresado por la l\u00f3gica de la negaci\u00f3n porque para ella el s\u00ed de un proyecto est\u00e1 sometido incondicionalmente al arbitrio de los dioses, los cuales inevitablemente pueden decirle &#8216;no&#8217;. Las cosas, dice Kusch, llevan por eso siempre algo as\u00ed como &#8216;un no colgado al cuello&#8217;. Vivir se traduce en c\u00f3mo convertimos nuestro existir en proyectos, pero nuestro vivir est\u00e1 montado sobre dichos proyectos y, de manera simult\u00e1nea, sobre el supuesto de que su realizaci\u00f3n pueda resultar siempre imposible. El propio proyecto supone estar, entonces, envueltos siempre en la falsaci\u00f3n que le corresponde a las circunstancias, de modo que todo lo que hagamos lo hacemos a partir del temor de que no sea posible. Y en eso consiste propiamente el estar.<\/p>\n\n\n\n<p>Estar, en definitiva, para Kusch consiste ser parte de la marcha de Dios sobre el mundo. Y como lo sagrado representa as\u00ed abrazarnos al caos, el desaf\u00edo implicado en descolonizarnos pasa entonces por reemplazar, finalmente, la concepci\u00f3n de un Creador separado de nosotros mismos y comprenderlo sobreviviendo, como nosotros mismos, con y en el vac\u00edo. Si el estar le resulta una modalidad en cierta forma pasiva a la mentalidad colonial es s\u00f3lo porque ella parte de un prejuicio muy limitado de lo que significa actuar: porque en realidad el estar se encuentra en plena actividad montado a voluntad sobre el vac\u00edo y, en una convivencia plena con el misterio, recorriendo imp\u00e1vido su camino interior en la huella del diablo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por Fernando Tort<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vertiginosos cambios de todo tipo arrollaron nuestras m\u00e1s caras banderas populares. 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