Cecilia Rikap: “La idea de que la inteligencia artificial va a traer desarrollo es completamente equivocada”

Cecilia Rikap es economista, investigadora del CONICET y pofesora asociada en economía y jefa de investigaciónen el Institute for Innovation and Public Purpose (IIPP) de la University College London. Especialista en economía de la innovación y capitalismo digital, acaba de publicar Teoría de la dependencia digital, en la editorial Caja Negra, donde analiza el poder de las grandes empresas tecnológicas y las nuevas formas de apropiación del conocimiento a nivel global.
El libro discute con una premisa que hoy gana terreno en el debate público: la idea de que la inteligencia artificial puede ser una vía rápida al desarrollo. Esa visión fue sintetizada por el presidente Javier Milei, quien planteó que la Argentina “tiene todo para ser una potencia en inteligencia artificial”, en base a su capital humano, la energía disponible y las condiciones del sur para instalar centros de datos.
En esta entrevista con Política Argentina, Rikap cuestiona ese diagnóstico y advierte que, lejos de abrir un camino al desarrollo, la inteligencia artificial puede profundizar las formas de dependencia si no se transforman las condiciones estructurales en las que se produce y se apropia el conocimiento.
– ¿Es la inteligencia artificial, tal como la plantea Millei, el camino hacia el desarrollo?
Lo interesante es que, aunque el libro empieza preguntándose si la estrategia de Millei para la inteligencia artificial es la estrategia al desarrollo (y obviamente responde que no), después expande mucho más esa pregunta. La idea es abarcar en qué medida la estrategia de los países de nuestra región o de Europa, para avanzar en soberanía digital, tampoco termina logrando quebrar la dependencia y la dinámica de centro-periferia. Ya no solo se trata del gobierno de Estados Unidos imponiendo condiciones sobre América Latina o sobre Europa sino también las grandes empresas, en particular las grandes tecnológicas, dictando cómo se adopta y qué se adopta de sus tecnologías digitales. Y, al mismo tiempo, cómplices locales que contribuyen a ese subdesarrollo.
– ¿Por qué decidiste comenzar el libro con esa cita a Milei sobre este tema?
Esa frase básicamente apunta a tres cosas. Por un lado, señala que la inteligencia artificial va a generar un aumento violento de productividad, básicamente que va a generar crecimiento económico. Y, por lo tanto, para muchos que piensan que crecimiento es lo mismo que desarrollo, va a generar casi una suerte de milagro para la Argentina. Lo cierto es que hay un proceso a nivel global de lo que se llama estancamiento secular.
– ¿Qué significa?
Es una pregunta a nivel global sobre por qué un montón de desarrollo tecnológico no se está traduciendo en crecimiento económico. Y esta pregunta tiene una expresión local: en Argentina no hay ningún efecto de crecimiento violento asociado ni a la inteligencia artificial ni a otras tecnologías. Entonces, en el libro explico, en primer lugar, por qué esa afirmación es completamente equivocada. Por otra parte, Milei dice que en Argentina hay un montón de pibes programando y es cierto. La única política industrial sostenida que ha tenido Argentina es la del desarrollo de la industria del software. Entonces, efectivamente, hay un montón de pibas y pibes programando. Pero un ingeniero en sistemas o un desarrollador de software programando no es lo mismo que un equipo de cientos de personas, científicos, ingenieros, especializados en inteligencia artificial que requiere doctorados, requiere un montón más de investigación.
– ¿Cuál es la diferencia?
Es una diferencia significativa. Millei dice que tenemos un montón de programadores y por lo tanto tenemos talento para producir inteligencia artificial. Y, de hecho, no. La parte donde Argentina sí tiene talento para estos potenciales desarrollos de inteligencia artificial, ciencia de datos y demás, es en las universidades, en el CONICET, que es parte de lo que Millei destruye. Entonces, si quisiéramos reforzar ese talento es haciendo lo contrario a lo que hace Millei, porque destruye el foco donde sí podría haber un talento para desarrollar inteligencia artificial.
– ¿Cuál es la tercera parte de esa afirmación?
Cuando se refiere a que tenemos energía barata y que el clima de la Patagonia es propicio porque es un clima frío para que se instalen ahí centros de datos. Ahí reproduce una lógica de extractivismo de la naturaleza que ya es característica de toda la región, pero ahora adaptada al mundo digital. Porque el centro de datos es básicamente una masa de infraestructura que consume energía eléctrica, agua potable, pero que no genera empleo. Los centros de datos se utilizan a distancia, de modo que tener muchos centros de datos en la Patagonia no significa que los ingenieros y los científicos vayan a mudarse para desarrollar allí ningún tipo de modelo o emprendimiento. Entonces, esa idea de que tenemos todo para ser una potencia de inteligencia artificial, y a través de eso vamos a poder crecer y desarrollarnos, es una frase mentirosa por donde la miremos.
– Decís en el libro que, incluso cuando eso fuera posible, es un modelo de desarrollo que no corta la dependencia, ¿en qué sentido?
Imaginémonos que estuvieran dadas todas las condiciones para ser un hub de inteligencia artificial como quiere generar Milei, pero no sólo Milei. Los gobiernos progresistas de la región también se están sumando a esta carrera casi ciega por la inteligencia artificial. Ahora, ¿qué tipo de tecnología vamos a generar? Se va a generar tecnología como la que ya existe hoy, para reemplazar nuestras capacidades cognitivas, nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos, que va en detrimento del pensamiento crítico, que se utiliza para control en el lugar de trabajo, que reemplaza funciones creativas como las de un periodista, una académica o las del propio desarrollador de software. La de “los pibes programando” de Milei, entre muchos otros. No es inteligencia artificial que facilita nuestra vida, que nos soluciona problemas, incluso empeora nuestra vida.
– ¿Por qué la empeora?
Porque todo ese desarrollo de inteligencia artificial consume un montón de recursos que no se pueden utilizar para otras cosas y que están muy por encima de las capacidades planetarias en medio de una crisis ecológica. Incluso es peor porque todo ese entramado que nos imaginamos, de pequeñas empresas, startups, universidades, tarde o temprano van a desarrollar ese conocimiento dentro de la nube de las gigantes tecnológicas de Estados Unidos. Van a desarrollar ese conocimiento, financiado en parte por estas empresas como ya sucede a nivel global, y eso redunda en un conocimiento que al menos no deberíamos celebrar tan abiertamente.
– ¿Por qué no?
Parte de otro de los usos que no mencioné de la inteligencia artificial, y que hoy la vemos cada vez más en el contexto geopolítico en el que vivimos, es el uso de estas tecnologías para la guerra. Incluso se puede utilizar inteligencia artificial para que se opere directamente y se tome decisiones automáticas sobre hacia dónde bombardear. Entonces, este entramado de producción de inteligencia artificial – que tarde o temprano conecta a desarrollos específicos de una región con las más grandes y poderosas empresas del mundo que son las que se terminan beneficiando – claramente no va a llevar al desarrollo de Argentina ni siquiera si se verificara.
“A nivel global hay un proceso de estancamiento secular: un montón de desarrollo tecnológico que no se traduce en crecimiento económico”
Cecilia Rikap
– ¿Qué tiene la teoría de la dependencia para aportar en entender esta forma de capitalismo?
Hace más de diez años que trabajo temas de capitalismo digital y de los entramados de poder y grandes empresas. Investigo cómo se coproduce conocimiento entre muchos y luego se lo terminan apropiando unos pocos, que son quienes marcan las líneas del avance científico y tecnológico. Y siempre notaba que los marcos con los que se venía pensando esta problemática, con los que en general coincido, quedaban incompletos.
– ¿A qué marcos te referís?
El colonialismo digital o colonialismo de datos, ahora se está empezando a hablar mucho más de imperialismo también y también hay otro que es popularizado por Yanis Varoufakis, pero introducido por Cédric Durán, que es el de tecno feudalismo. Coincido con el diagnóstico de que tenemos que mirar la concentración de poder en unas pocas empresas, la centralidad de los datos y cómo la capacidad de apropiación masiva de datos es fundamental para explicar la dinámica de apropiación del capital. Pero me siguen pareciendo hoy marcos muy incompletos para dar cuenta de las interrelaciones, las complicidades y las complejidades con las cuales se desarrollan este tipo de relaciones.
– ¿En qué sentido incompletos?
No es solamente que tenemos a las grandes empresas por un lado y al resto por el otro. Es cierto que esas pocas empresas son las que tienen mayor capacidad de apropiación de datos. Son apropiadoras masivas, seriales, de conocimiento que las universidades, los organismos públicos de investigación y las startups, ofrecen y coproducen con ellas. Incluso a veces las grandes empresas se hacen de ese conocimiento sin haberlo producido. Entonces, para jugar un poco con la analogía histórica, no es solo que Argentina exporta el cuero y compra zapatos en el caso de los zapatos. Porque Argentina también produce parte de los zapatos solamente que después no logra venderlos. Hay un elemento adicional en esta dimensión del conocimiento, sobre todo de la mano de gobiernos progresistas de la región que invierten en investigación y desarrollo público. Esa inversión – sumamente necesaria y a veces insuficiente – por la manera en la que se presiona para que se vincule a grandes empresas, creyendo que eso va a contribuir al desarrollo, termina generando transferencias ciegas de conocimiento en la que grandes empresas se apropian de los desarrollos colectivos.
– ¿Ahí reaparece la teoría de la dependencia como un marco interpretativo posible?
Esos elementos me parecía que no encajaban en los marcos existentes. Me formé como economista en la universidad pública y la teoría de la dependencia fue uno de los marcos que había podido estudiar – gracias a que en ese momento en la Universidad de Buenos Aires había cursos críticos y no solo teoría neoclásica. En ese marco aparece la noción del extractivismo de la naturaleza, que me permitía jugar con la idea del extractivismo de datos, y la dimensión de extractivismo del conocimiento. Y también un elemento clave que es la idea de los cómplices locales.
– ¿A qué te referís con cómplices locales?
Es una idea que aparece en los ´60 para representar tanto a algunos responsables políticos como a la oligarquía vinculada al campo. Entonces, ya hace varios años, cuando empecé a estudiar específicamente a Mercado Libre, con distintos colegas, utilizamos ya la teoría de la dependencia, justamente con este intento de actualizarla. Para decir: hoy hay una cómplice local, en realidad de hecho son muchos más , pero en ese trabajo específico sobre Mercado Libre tenemos un tipo de cómplice local distinto.
– ¿Distinto en qué sentido?
Porque Mercado Libre se inserta dentro de los entramados de poder que controlan en última instancia Amazon o Google. Depende de las nubes de estas empresas, de alquilarle a estas empresas servicios de tecnología que van más allá de solamente almacenamiento o procesamiento de modelos. Mercado Libre desarrolla sus modelos de inteligencia artificial entrecruzado o mezclando código con el que compra, o en realidad alquila, a caja cerrada de estas pocas empresas, pero lo usa con una capacidad propia de desarrollo. Entonces ahí ya aparece una diferencia. Hay una empresa que es central al capitalismo argentino y latinoamericano, Mercado Libre, que a diferencia de la oligarquía del campo no es anti tecnología. Al contrario, está en la frontera del conocimiento tecnológico. Está en una de las industrias que más se asocia con la idea de progreso tecnológico. Pero utiliza esas capacidades no como una suerte de locomotora del desarrollo, para traccionar al resto de la economía, sino más bien para aplastarla.
– ¿Por qué aplastarla?
Tanto por la manera en la cual exprime lo más posible y se apropia de cada venta que sucede en su plataforma como también cuando ella misma empieza a vender productos. No lo hace fomentando la industria nacional sino importando esos productos para que sean más baratos. La forma en la que gestiona toda su cadena de valor en materia de logística replica este tipo de prácticas de apropiación de valor de todos los demás eslabones. Entonces, está lejos de ser una empresa que contribuye al desarrollo. Y de hecho, en parte, ese valor que extrae termina siendo lo que paga esos servicios en la nube. Estas empresas tecnológicas, las llamadas “unicornios” en América Latina, se desarrollan, como en el caso de Ualá, dentro de los ecosistemas predatorios de las gigantes tecnológicas de Estados Unidos. Entonces se benefician por ser parte de esos entramados predatorios, pero al mismo tiempo ceden parte de su valor a estas empresas centrales. En última instancia, el valor que concentran se basa no solo en la apropiación de datos sino en la capacidad, insisto, de controlar al resto. Entonces, la teoría de la dependencia nos permite explicar este tipo de dinámicas y explicarlas es clave.
– ¿Por qué resulta fundamental entender ese tipo de dinámicas?
Porque muchas veces pasa con la discusión de soberanía digital, por ejemplo, que algunos gobiernos terminan pensando que el problema es que son empresas estadounidenses. El problema sería que un gobierno como el de Trump puede decir: “apagá todo” y te quedas sin acceso siquiera a tu cuenta de mail, tu sistema de información y comunicación. Efectivamente, eso también pasa. Pero no porque tengamos una Mercado Libre, Globant, Uala o Despegar y ciertas empresas que al menos durante un cierto tiempo se mantengan como locales, contribuyen al desarrollo. Entonces es necesario poder identificar esas complejidades, esas asimetrías en las relaciones. Ver cómo Mercado Libre se subordina a las gigantes tecnológicas pero al mismo tiempo es muy poderosa en sus vínculos con el resto del entramado productivo en Argentina y en América Latina. Eso es parte de lo que la teoría de la dependencia nos aporta.
– ¿Cómo se vincula con la idea de extractivismo?
El libro aporta el concepto de extractivismo gemelo para conectar, para ver cómo se refuerza mutuamente el extractivismo de la naturaleza y el extractivismo de distintos intangibles, no solo datos sino también conocimiento. El ejemplo más paradigmático de esto son los propios centros de datos. El centro de datos contribuye a que unas pocas empresas sigan extrayendo cantidades colosales de recursos que son fundamentales, que deberían estar a disposición para pensar en su uso, en tanto bienes comunes, y democratizar el uso tanto del agua potable, la electricidad y todos los distintos materiales que se utilizan para el desarrollo, por ejemplo, de semiconductores, dispositivos, etc. Ese extractivismo de la naturaleza de instalar centros de datos en las periferias, al mismo tiempo es la base material sobre la cual después se siguen extrayendo datos y conocimiento de las mismas periferias digitales que hoy incluyen también a Europa. Entonces también el concepto de centro-periferia se ve actualizado, pudiendo introducir y darle más fuerza todavía de lo que se le dio en su momento al concepto de semi-periferias, Me parece que es parte de por qué, al menos a mí, me resulta mucho más rica la idea de pensar estos problemas desde la teoría de la dependencia y no simplemente como colonialismo digital o imperialismo digital.
– ¿Qué rol tienen los estados nacionales frente a lo que llamás los monopolios intelectuales?
En una pregunta sobre estados nacionales, la teoría de la dependencia ya te enmarca desde el vamos la respuesta. No es lo mismo la responsabilidad de los Estados de los países del centro que la responsabilidad de los Estados en la periferia. Entonces, respondo a la pregunta indicando elementos hacia ambos lados. Si primero pensamos en la responsabilidad de un gobierno como el de Estados Unidos, que es claramente el país que concentra el mayor número de monopolios intelectuales globales, y al mismo tiempo los que tienen una capacidad de ejercer su poder sobre incluso otros monopolios intelectuales que son Amazon, Microsoft y Google, dado su control sobre la nube. Y entonces, si pensamos en Estados Unidos en particular – pero también esto puede traducirse con matices a la historia de China, de Europa – tenemos que decir que sin los Estados de esos países no hubieran existido estos monopolios intelectuales.
– ¿De qué manera contribuyeron a crear esos monopolios?
Hay distintas maneras en las cuales los Estados han contribuido a la emergencia de los monopolios intelectuales. La más obvia, por supuesto, es el régimen de propiedad intelectual. Desde fines del siglo XIX en adelante, el gobierno de Estados Unidos, en distintos cambios regulatorios, ha favorecido sistemáticamente la apropiación de conocimiento por parte de las grandes empresas en detrimento de sus propios trabajadores y de los ámbitos públicos de producción de conocimiento. A fines del siglo pasado Estados Unidos, en coalición con sus propias multinacionales, y con el apoyo de Europa y sus propias multinacionales, empuja que este régimen de propiedad intelectual se globalice, se internacionalice y que termine recayendo sobre todo el resto del mundo.
– ¿Qué otro ejemplo encontrás?
Uno fundamental, que describo en el libro, es el rol de planificación del desarrollo científico y tecnológico del Pentágono. Durante la Guerra Fría, incluso podríamos decir desde la Segunda Guerra Mundial con el proyecto Manhattan, el gobierno de Estados Unidos identifica la centralidad de la producción de conocimiento y su direccionamiento. Las mismas personas, con las mismas capacidades, pueden desarrollar ciertas tecnologías u otras. ¿Y cuál va a ser ese desarrollo científico y tecnológico? Es algo que durante toda la Guerra Fría estuvo en manos del Pentágono lo que favoreció a algunas multinacionales. Pero, luego, cuando se termina la Guerra Fría, el Pentágono sigue financiando, directa e indirectamente, grandes empresas en sus desarrollos científicos y tecnológicos. Sigue contratando, por supuesto, tecnología de empresas para su propio ejercicio militar. Pero deja de lado la planificación de la ciencia y tecnología y le da el espacio a lo que termina siendo las gigantes tecnológicas planificando esta transformación de estos últimos diez o quince años.
– ¿A qué modelo se orienta esa producción de conocimiento?
Al tipo específico de modelos que se vuelven mejores a medida que procesan más y más datos y que requieren entonces cada vez más infraestructura para poder procesar esos datos, porque son modelos cada vez más grandes. Este modelo de escala, y no solo un modelo de escala, sino también un modelo en el cual a medida que se usa más el modelo de inteligencia artificial, mejor se vuelven los resultados, lo que significa es que todos los usuarios contribuyen de nuevo a la creación de conocimiento, que se siguen apropiando unas pocas empresas. Este modelo no hubiera existido sin ese espacio y sin el financiamiento del gobierno de Estados Unidos, creando las tecnologías de base que se utilizan para hoy seguir desarrollando tecnología de frontera. Y podríamos incluso nombrar, y te los nombro solamente para pasar un poco a las responsabilidades de los gobiernos en los países periféricos, a otras áreas de la política que también beneficiaron a estas empresas, para empezar una obvia.
– ¿Cuál?
Desde los ´70, desde la emergencia del neoliberalismo, se deja de lado gran parte de la política de defensa de la competencia. Se vuelve una política mucho más permisiva, donde se vuelve prácticamente imposible mostrar que una fusión y adquisición va a ser en detrimento de la competencia. Se vuelve casi imposible cobrarle una multa a una empresa por exceso de poder de mercado. Y por otra parte, a medida que estas empresas se siguen globalizando más y más, los gobiernos del mundo no se sientan a pensar las asimetrías de sus regímenes tributarios y cómo empiezan a generarse agujeros entre los regímenes tributarios de Estados Unidos, de Europa y de América Latina. En esos agujeros, las grandes multinacionales empiezan a encontrar el camino para la evasión impositiva. Una evasión impositiva hoy completamente conocida. Hace décadas que se sabe que estas empresas, en términos efectivos, el porcentaje que pagan del total de sus ganancias como impuestos es muchísimo menor del que pagamos de impuesto a la ganancia vos, yo y la mayoría de las personas y empresas que lo pagan. Hay momentos en que empresas como Amazon no han ni siquiera pagado impuesto a las ganancias. Todo esto se sabe y ahí podemos empezar a mirar la complicidad de las periferias.
– ¿Por qué complicidad?
Parte de las periferias son paraísos fiscales, como Irlanda, por ejemplo. Y bregan por mantener este tipo de sistema porque algo les cae y con ese algo se quedan de alguna manera conformes dado el reconocimiento de las imposibilidades de superar de manera completa su condición de periferia o su condición de dependencia. Más en general, lo que empezamos a ver es una responsabilidad de los gobiernos, diría yo, asociada con una suerte de ceguera en relación al crecimiento económico.
– ¿Cómo es esa ceguera?
Como los monopolios intelectuales están en la frontera de la producción de conocimiento, los gobiernos de los países periféricos tienen la ilusión de que si estas empresas se instalan en sus territorios se va a generar transferencia tecnológica. En general sucede pero en sentido opuesto. Porque se empuja de nuevo a la coproducción de conocimiento entre estas empresas e instituciones locales. Pero las empresas no comparten el conocimiento y, si lo hacen, lo comparten con acuerdos de confidencialidad para limitar cualquier posibilidad de derrame, de transformación estructural de las economías locales. Entonces hay un proceso constante de absorción de ese conocimiento. Esa ceguera – en relación a creer que la empresa va a traer inversiones, eso va a contribuir al crecimiento, generar empleo e ingresos para el Estado – termina frenando a los gobiernos y retrasa la noción de que no son empresas que generen empleo como antes.
– ¿No son generadoras de empleo?
Un monopolio intelectual maneja cadenas globales de valor, controla otras empresas en plataformas, no es directamente empleadora al nivel que era una automotriz hace 60 años. No pagan impuestos y, como si todo eso fuera poco, extraen, apropian conocimiento y contribuyen cada vez más a profundizar el extractivismo de la naturaleza. Entonces me parece que la complicidad de los gobiernos periféricos termina estando en que parecería que no tienen otras armas para gobernar que no sea a través de políticas que promueven el crecimiento económico y de esa mano cruzar los dedos para que algo le caiga al Estado, y a partir de ahí pensar si es más o menos progresista lo que se va a hacer con esa plata.
– ¿Eso qué provoca?
Esta limitación termina, obviamente, estando acompañada de un proceso de dependencia estructural, donde hay que pagar deuda, donde efectivamente hay cosas que no se producen localmente. Entonces también hay que entender que hay dimensiones de dependencia que limitan a los gobiernos. Pero también pienso que, entre aceptar esa dependencia estructural y simplemente confiar en que estas empresas van a venir y desarrollar el país, hay un largo trecho donde se podría hacer algo distinto. Insisto, la responsabilidad de un gobierno como el de Estados Unidos y un gobierno de la periferia es distinta. Pero las periferias podrían estar haciendo mucho más. Y para mí, para que puedan hacer mucho más, tienen que desarrollar colectivamente mucha más cooperación y solidaridad. Y ahí, entre sectores públicos, pensar por ejemplo en la transferencia de conocimiento.
“Los gobiernos de los países periféricos tienen la ilusión de que si estas empresas se instalan en sus territorios se va a generar transferencia tecnológica”.
Cecilia Rikap
– ¿A qué le llamás renta intelectual y qué papel juega en el modelo de acumulación del capitalismo actual?
Para explicar eso sirve volver a la pregunta de los monopolios intelectuales. Cuando hablamos de estas grandes empresas como empresas que tienen la capacidad sistemática de apropiar conocimiento que no solo producen ellas internamente en sus empresas, laboratorios de investigación y desarrollo, sino que coproducen en sistemas de innovación corporativos con un montón de otras organizaciones, ese conocimiento que se apropian luego lo transforman en lo que se llama un activo intangible. Básicamente es un conocimiento encapsulado al cual nadie puede acceder salvo que pague. Cuando pagas, podés pagar por distintas cosas. Si es una patente, por ejemplo, podés pagar para acceder a la patente y usarla. Pero en el caso de las tecnologías digitales no es posible pagarle a Google para tener acceso al algoritmo del motor de búsqueda de Gemini, su modelo de inteligencia artificial. Y lo mismo con cualquier otra tecnología digital. Si la tecnología está cerrada, pagás para usarla. Entonces, por ejemplo, si hay un desarrollador que quiere hacer una aplicación que llame a Gemini para que le haga una parte de la tarea dentro del software más amplio, ese uso del modelo de inteligencia artificial a caja cerrada va a tener un precio. Y ese precio va a ser, en gran medida, una renta intelectual.
– ¿Sería un pago por el uso del conocimiento?
Sí. A veces ese uso incluye acceso al conocimiento, como en la patente. Pero a veces ese uso no incluye ni siquiera el acceso al conocimiento, que es lo que pasa con la mayoría de las tecnologías digitales. Es un modelo de secreto donde se puede comprar el uso del conocimiento o a veces el uso de servicios basados en ese conocimiento, pero sin tener realmente acceso al conocimiento. Entonces, ¿por qué lo llamamos renta? ¿Por qué no lo llamamos simplemente el precio del conocimiento? Eso tiene que ver con la especificidad del conocimiento.
– ¿Qué diferencia hay?
Cuando se encierra el conocimiento, cuando se lo vuelve un secreto o cuando se lo protege con derechos de propiedad intelectual, lo que estamos haciendo es crear una suerte de escasez artificial. ¿Por qué decimos escasez artificial? Esta entrevista la estamos grabando y si la escuchan una, cien o diez millones de personas, la capacidad de cada una de estas personas de escucharme y sacar algo de todo eso, entender estos procesos, no disminuye porque haya más o menos personas escuchando el video. Cuando el compartir conocimiento, de hecho, potencia y genera más posibilidades de que podamos entender mejor al mundo y producir mejores formas no solo de interpretarlo, sino también transformarlo. En cambio, cuando el conocimiento está cerrado, limitamos esas capacidades. Limitamos completamente la posibilidad de generar esta suerte de efecto de multiplicación del conocimiento.
– ¿Es una escasez producida?
Es una escasez artificial porque, a diferencia de la manzana o a diferencia de un vaso de agua, donde si tenemos acá una manzana o me la como yo o te la comes vos o podemos compartir media manzana cada uno, pero no podemos la misma manzana comerla entera vos y yo, el mismo video podemos consumirlo entero, vos, yo y millones de otras personas. El mismo proceso de producción de conocimiento, el mismo resultado de la producción de conocimiento puede ser consumido por un sinnúmero de personas sin que reduzca la satisfacción de ninguna de ellas. Entonces, cuando pasa a ser un bien que para acceder a él tenés que pagar un precio, es que en realidad te lo están volviendo artificialmente escaso. No es escaso. Al contrario, se multiplica cuando se comparte, incluso para criticarlo. Entonces hay un proceso de generar una suerte de escasez artificial, como si el conocimiento fuera una parcela de tierra, que la propiedad privada de la parcela de la tierra después determina cuál es la renta de la tierra que se paga para poder utilizar y producir algo ahí. Pero en la comparación con la renta de la tierra hay algo que es distinto.
– ¿Qué es?
El mismo software, el código o el modelo de inteligencia artificial, si yo lo encapsulo y genero un activo intangible, se lo puedo cobrar a millones al mismo tiempo. Puedo cobrar infinitas veces por usar un conocimiento sin nunca dar verdadero acceso, mientras que la misma parcela de tierra la puedo alquilar solamente a una persona o empresa. Entonces, la renta intelectual se vuelve tan importante porque potencialmente es una apropiación de valor que no tiene límites. En cambio, la renta de la tierra sí los tiene. Habrá momentos donde por distintos factores se pueda cobrar más caro o más bajo el alquiler de una hectárea en la pampa húmeda, pero la cantidad de hectáreas en la pampa húmeda sigue estando limitada. La cantidad de veces que Google puede cobrar por sus algoritmos no está limitada. Entonces ahí eso también nos permite entender por qué es Google una de las empresas de mayor capitalización bursátil del mundo. El resto de las tecnológicas también. Son todas grandes empresas que ejercen este mismo tipo de monopolización intelectual, donde apropian valor de la sociedad vendiendo una y otra vez lo mismo sin dar genuino acceso al conocimiento. Y no son los rentistas de la tierra, que también disfrutan de una renta pero muchísimo menor en comparación.
