Alberto Miguel Camps, el militante que sobrevivió a la Masacre de Trelew

A 53 años de un hecho macabro que fungió como la antesala del terrorismo que ejecutó el Estado argentino a partir de marzo del 76, Roberto Baschetti recupera de su archivo la historia de vida y militancia de uno de los tres sobrevivientes de la masacre ocurrida en la Base Almirante Zar.
Presos políticos de organizaciones armadas sufren cárcel, frío, aislamiento y vejaciones en el penal de Rawson en Chubut. Preparan un plan de fuga a cargo de cuadros de Montoneros, Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Analizan diferentes planes, y de los primeros proyectos que permitían la fuga de una decena de combatientes, establecen el plan final, que aumenta a 110 los liberados posibles. Así se llega al 15 de agosto de 1972 y se pone en marcha la operación.
Los pormenores de la fuga frustrada en parte y todo lo acaecido con posterioridad, los pueden encontrar en mi libro “Trelew. 1972 – 22 de agosto – 2022. A cincuenta años de la masacre” editado por la editorial “jironesdemivida” (así todo junto) en 2022.
De los fusilados a mansalva en la Base Militar de la Marina de Guerra “Almirante Zar” quedarán tres sobrevivientes. Uno de ellos es Alberto Miguel Camps.
Al cumplirse un nuevo aniversario de lo sucedido, es bueno recordarlo a él, como paradigma de una generación que dio todo –hasta sus propias vidas- en el intento de cambiar un sistema social injusto que solamente privilegiaba a unos pocos y condenaba a la miseria y a la explotación a un gran segmento poblacional de nuestra nación.
Camps nació el 12 de febrero de 1948 en Capital Federal. Miresky era su apellido materno. Ex alumno del Colegio Nacional Buenos Aires (promoción 66). Estudiante de bioquímica. Participa en la quema de los supermercados “Minimax” del magnate yanqui David Rockefeller, de visita en Argentina para seguir haciendo negocios con el Onganiato.
En marzo de 1969 ingresa a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en donde milita en una organización estudiantil de izquierda. Dos meses más tarde ingresa a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que lo tiene como uno de sus más entusiastas activistas. Toma parte del copamiento de la ciudad de Garín, en la provincia de Buenos Aires, el 30 de julio de 1970, operativo que permite conocer a la ciudadanía la existencia de esta organización revolucionaria.
En otro operativo, muere malherida en sus brazos, por la represión, su primera compañera de vida y militancia, Liliana Raquel Gelín.
El 29 de diciembre del mismo año (1970) cae detenido durante el frustrado asalto a la sucursal “Fuerza Aérea” del Banco Provincia de Córdoba.
Es enviado detenido a Rawson. Allí –como ya lo expresé antes- el 15 de agosto de 1972 combatientes de FAR, Montoneros y ERP protagonizan una espectacular fuga de una cárcel considerada de máxima seguridad. Por fallas de sincronización no pueden irse todos; Camps está en este grupo. Las fuerzas represivas garantizan públicamente por sus vidas cuando se rinden.
Siete días más tarde como represalia y escarmiento son fusilados en sus celdas. (“Masacre de Trelew”). Hay 19 guerrilleros asesinados y tres quedan al borde de la muerte, pero sobreviven; uno de ellos es Camps.
El 25 de mayo de 1973 sale en libertad debido a la amnistía otorgada por el gobierno constitucional del Dr. Héctor J. Cámpora.
Ya como militante peronista montonero es nuevamente detenido y torturado el 17 de abril de 1974 por orden de los comisarios Villar y Margaride.
Un año más tarde toma la opción de salir del país y se va al extranjero, junto a su compañera y esposa, la socióloga Rosa María Pargas, quien llevaba en brazos al chiquito de ambos, nacido en la cárcel de Villa Devoto. Los bajan de un patrullero y los depositan en un avión. Adentro del mismo, Rosa María, le saca el pantaloncito al niño y coloca la prenda, invertida, dada vuelta, en la ventanilla de la aeronave, haciendo así la “V” de la victoria a familiares y amigos que los despiden a lo lejos. Esbirros del régimen burlados.

Camps habla en acto militante.
Camps reingresa a nuestra patria en forma clandestina en febrero de 1976 para sumarse a la lucha, primero contra un gobierno que entregó las banderas históricas del peronismo y luego, enseguidita nomás, contra la dictadura militar, el verdadero poder detrás del trono.
Cae en combate, no se entrega con vida, el 16 de agosto de 1977, cuando efectivos militares del Comando de Zona I, lo intiman a rendirse, luego de sitiar su vivienda ubicada en la calle Beltrán 451 de Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires.
Al momento de su muerte, Camps (“Gervasio”, “Felipe”, “Quique” como sobrenombres) era secretario de la Columna Sur de Montoneros.
Fue enterrado como N.N. en el cementerio de esa localidad lomense. En el año 2000, luego del trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense sus restos identificados, fueron entregados a familiares.
Resulta curioso y a la vez instructivo conocer como las fuerzas represivas llegaron a dar con su casa para intentar secuestrarlo con vida.
Un oficial de Inteligencia del Ejército al que denominaban “El Inglés” y/o “Dávila” (Douglas Patrick Dowling. Se retira con posterioridad del Ejército en 1987 con el grado de Teniente Coronel; fallecido el 4/10/2000 sin condena) preguntando en la tortura a integrantes de la Columna Sur de Montoneros, llegó a saber que en la casa de Camps se habían hecho algunas reuniones, pero que ninguno la podía ubicar pues los habían llevado tabicados. Preguntando más detalles se enteró de que en las reuniones, con el mate, comían unos bizcochitos artesanales, que se compraban en una panadería cercana y que tenían un gusto muy particular, como si fueran masas vienesas.
Como “El Inglés” sabía que la casa en cuestión era por Lomas de Zamora, mandó a comprar galletitas a todas las panaderías de la zona hasta que dio con la que los secuestrados identificaron como la buscada. Decidió entonces montar una guardia disimulada en las cercanías de la panadería señalada. Por fotos o por delación de alguno, ubicaron en la calle a Rosa María con su hijo. La apresaron, amenazaron de muerte a la criatura y ella terminó dándoles la dirección y llevándolos a su casa