$410 millones: El blindaje mediático de Valenzuela

Algunos escándalos políticos traen cola. Otros desaparecen de inmediato, como si fueran apenas un glitch en la matrix. Hoy, desde El Disenso, vamos a analizar a Diego Valenzuela, el intendente de 3 de Febrero que contuvo un escándalo de corrupción personal gastando “just in time” al menos 410 millones de pesos en publicidad estratégica.
El 23 de abril, desde El Disenso publicamos la investigación “No tengo precio: Valenzuela cobró $17 millones del GCBA y le adjudicó $260 millones a la empresa donde trabaja su hijo”, ocasión en la que documentamos cómo el intendente Diego Valenzuela —acostumbrado a facturar millonarios contratos al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires— adjudicó desde el municipio de Tres de Febrero contrataciones directas por al menos $261,732,466.23 a la empresa BigTree Studio SRL, donde trabaja su hijo, Lucio Valenzuela.


El mismo día que Valenzuela dio el salto político a La Libertad Avanza, el pasado 16 de enero, BigTree Studio se presentó a una contratación directa del INCAA por USD 252.000, que fue confirmada el 27 de febrero. Si, los que usaban las notas de El Disenso para terminar con los curros del INCAA, siguen usando la institución para repartir caja entre los amigos, ya sin la excusa de películas bizarras, ya sin películas.

¿Sabés por qué probablemente no te enteraste de estos escándalos?
A partir de nuestra nota del 23 de abril, Diego Valenzuela decidió reforzar sus políticas de comunicación. A mediados de mayo empezaron a publicarse unas 17 órdenes de compra que, bajo el concepto de “publicidad oficial” patrocinaban a los más influyentes periodistas del país en al menos $410.181.032.

Estos $410 millones repartidos discrecionalmente, como dádivas, fueron suficientes para tapar las desprolijidades del flamante soldado libertario de Tres de Febrero. En un contexto donde la pauta escasea, ningún periodista puede darse el lujo de hablar contra sus sponsors.
Hoy Valenzuela se sumó a las fuerzas del cielo, y su modus operandi resume con claridad cómo la casta política se aferra al poder cambiando la ideología de su discurso con la misma facilidad que cambian el color de su remera. Cambiar para enquistarse, cambiar para ser el cambio, cambiar para seguir haciendo negocios con la plata ajena. Diego Valenzuela es una de esas cosas que no cambian.