mayo 18, 2026

Británicos enseñaron a la dictadura brasileña técnicas y estrategias para crear una “Casa de la Muerte”

0

Cerca de un mes después de regresar de una “pasantía de información” en Inglaterra, en diciembre de 1970, el entonces jefe de la sección de contrainteligencia de la oficina del ministro del Ejército durante la dictadura militar, el coronel Cyro Guedes Etchegoyen, lideró la creación de un centro clandestino de tortura y asesinatos en la región serrana de Río de Janeiro que fue conocido como la “Casa de la Muerte de Petrópolis”.

Este articulo hace parte de la serie “Bandidos en uniforme” (Bandidos de farda ), publicada por el medio brasileño ICL Noticias y coordinada por Juliana Dal Piva 

Documentos inéditos elaborados por el coronel Cyro Guedes Etchegoyen relatan que la pasantía se realizó tras una “invitación del gobierno inglés” y muestran detalles de cómo él y otros tres oficiales aprendieron de británicos del MI5 técnicas y estrategias para crear un “centro de interrogatorio propio, en un lugar apartado y aislado”, donde el prisionero llegaría encapuchado y permanecería “incomunicado, aislado del mundo”, con el fin de quebrar la resistencia de la víctima. Además, Etchegoyen dejó constancia de que los militares británicos “demostraban comprensión, no crítica” en relación con los casos de tortura denunciados en Brasil durante la dictadura.

Además, Etchegoyen y los colegas que asistieron al curso notaron que los militares británicos “mostraron comprensión, acrítica” ante los casos de tortura denunciados en Brasil durante la dictadura. Los británicos enseñaron a Etchegoyen que el mejor enfoque para un interrogatorio es que sea largo y agotador. “En principio, el prisionero no duerme, o se le permite dormitar (siempre llevado de vuelta a la celda) durante unos diez minutos (el mejor método) antes de ser interrogado de nuevo. Un ejemplo de resistencia es un interrogatorio que duró 58 horas consecutivas, sin ninguna pausa”, escribieron los militares brasileños en el informe.

Según los documentos, del 14 al 19 de diciembre de 1970, el coronel Milton Machado Martins del SNI y el teniente coronel Cyro Etchegoyen del CIE estuvieron presentes en el Reino Unido. Del 15 al 26 de febrero de 1971, fue el turno de los tenientes coroneles Moacyr Coelho del SNI y Milton Masselli Duarte del CIE. “La visita fue exclusivamente para oficiales brasileños, que fueron considerados huéspedes oficiales del gobierno británico”, afirmaron los militares en el informe.

El “Informe de la Pasantía de Información en Inglaterra” forma parte de los documentos del coronel Cyro Etchegoyen que están siendo publicados en el proyecto “Bandidos en uniforme” (Bandidos de farda) de ICL Noticias, elaborado en los últimos siete meses con una serie de reportajes y un documental que se estrenará el 17 de mayo. El proyecto revela los crímenes que el coronel Cyro ocultó en un inmenso archivo mantenido por él hasta su muerte. Se trata de 23 carpetas y 3.000 páginas de documentos públicos inéditos, que pertenecían al acervo del Ejército brasileño, pero que el coronel Cyro retiró ilegalmente y que otro militar guardó tras su fallecimiento. En octubre del año pasado, una fuente, cuya identidad será mantenida en secreto por razones de seguridad, entregó una primera parte al Instituto Fernando Santa Cruz, impulsado por el expresidente de la Orden de los Abogados de Brasil, Felipe Santa Cruz. Fernando era militante de la Acción Popular (AP) y está desaparecido desde el 23 de febrero de 1974. Una segunda parte de los documentos del coronel Cyro fue entregada por la misma fuente en febrero de este año a la periodista Juliana Dal Piva.

bandidos-de-farda-foto-002-horizontal (1)
Fragmentos del informe elaborado por los militares sobre la etapa de interrogatorio realizada en Inglaterra en diciembre de 1970

La Casa de la Muerte fue un centro clandestino operado por el Centro de Informaciones del Ejército (CIE), organismo que en ese momento dependía del gabinete del ministro del Ejército. Fue creada entre enero y febrero de 1971, durante el gobierno del presidente-dictador Emílio Garrastazu Médici, el período más violento del régimen.

ines01
Inês Etienne Romeu, militante de la VPR, en la 3ª Auditoría del Ejército, en agosto de 1972 (Crédito: Archivo personal cedido al Archivo del Estado de São Paulo)

El centro funcionaba en una vivienda cedida por un alemán afín a los militares, ubicada en el cerro Caxambú, una zona aislada de Petrópolis, en la región serrana. No existen cifras precisas sobre el número total de detenidos que pasaron por allí, pero la exguerrillera Inês Etienne Romeu, exdirigente de la Vanguarda Popular Revolucionária (VPR), es considerada la única persona que logró salir con vida, en agosto de 1971.

Tras su liberación, relató las ejecuciones de siete personas que el Estado brasileño reconoció como desaparecidos políticos —ya que sus cuerpos nunca fueron encontrados— y aportó además información sobre otros cuatro opositores del régimen que también fueron asesinados. Inês murió en 2015, a los 72 años.

La politóloga Maria Celina D’ Araújo, profesora de la PUC-Rio, entrevistó al coronel Cyro entre 1992 y 1993, junto con el investigador Gláucio Ary Dillon Soares. El material fue publicado en el libro “Os anos de chumbo: a memória militar da repressão”, en el que también participa el profesor Celso Castro, del CPDOC de la FGV. La entrevista a Etchegoyen constituye el único registro de declaraciones públicas suyas en vida. Sin embargo, en esa ocasión no habló de su experiencia en el curso.

Quien sí mencionó el envío de militares a Inglaterra —aunque sin señalar que Cyro había sido uno de los participantes— fue el coronel Adyr Fiúza de Castro. Fue uno de los creadores del CIE en 1967, pero dejó el organismo dos años después para asumir un cargo de jefatura en el I Ejército, en Río de Janeiro, que a partir de 1972 compaginó con el mando del Centro de Operaciones de Defensa Interna (CODI). “Cedimos algunas instalaciones en la calle Barão de Mesquita al CIE para que montaran una especie de ‘celda negra’ que habían aprendido en Estados Unidos y en Inglaterra. Pero el CIE tenía autonomía para operar en cualquier parte de Brasil. Contaban con instalaciones especiales, no oficiales, fuera de las unidades del Ejército, destinadas a interrogatorios”, relató Fiúza a los investigadores.

Al revisar el material, la investigadora Maria Celina D’Araujo recordó la sorpresa con la que recibió de los propios militares la información sobre los cursos en Inglaterra, a comienzos de los años noventa, y consideró el manual elaborado por Cyro como una nueva y valiosa fuente para estudiar la colaboración británica con el gobierno dictatorial brasileño. “Evidentemente, el gobierno inglés no hace una invitación así, sin más: ‘ven aquí’. Lo hace en función de una coyuntura. Debieron de existir negociaciones previas. Y luego se invita a alguien”, señala.

Autor de “Segredos de Estado: o governo britânico e a tortura no Brasil”, el politólogo João Roberto Martins Filho señaló el inédito manual redactado por el coronel Cyro como la prueba más importante aparecida hasta ahora sobre la colaboración británica con la dictadura brasileña. El informe “Estágio de Informações da Inglaterra”, de 165 páginas, describe el programa seguido por cuatro oficiales brasileños en unidades militares inglesas. Según la documentación, entre el 14 y el 19 de diciembre de 1970 estuvieron en el Reino Unido el coronel Milton Machado Martins, del SNI, y el teniente coronel Cyro Etchegoyen, del CIE. Posteriormente, del 15 al 26 de febrero de 1971, viajaron los tenientes coroneles Moacyr Coelho, también del SNI, y Milton Masselli Duarte, del CIE.

El objetivo era recibir “una presentación general del Servicio de Inteligencia británico (BIS) y del Servicio de Seguridad Interna (Sv Seg Int o MI5), a fin de facilitar la selección de temas de interés para los órganos de inteligencia brasileños”. “Los británicos, que siempre fueron muy cuidadosos a la hora de ocultar esta colaboración con Brasil, se van a irritar mucho cuando descubran que los brasileños lo dejaron todo por escrito, con todo detalle”, afirmó Martins Filho.

Las coincidencias entre las técnicas de interrogatorio —uno de los capítulos del documento— y lo que ocurrió en la Casa de la Muerte son notables. Los británicos enseñaron que la ubicación del “centro” debía ser un “secreto de Estado”: solo las jefaturas y los equipos debían conocerla. El documento también establece que “solo los interrogadores y la guardia tienen acceso libre al centro”, que los “interrogadores pueden actuar de civil” y que “no debe existir archivo ni registro del centro”.

WhatsApp Image 2026-04-21 at 21.56.06
El coronel Cyro Guedes Etchegoyen, exjefe de la sección de Contrainformación del CIE durante la dictadura”

Uno de los oficiales que participaron en la “pasantía”, el coronel Cyro Etchegoyen, era por entonces jefe del Servicio de Contrainteligencia del CIE y, según Inês Etienne Romeu y algunos de sus exsubordinados, asumió la dirección de la Casa de la Muerte de Petrópolis. Era él quien decidía qué detenidos serían llevados al lugar y quien evaluaba, por ejemplo, los resultados de los interrogatorios.

Las condiciones espartanas de las celdas —con apenas un inodoro y una camilla, “nada más”— coinciden con los relatos de Inês Etienne sobre los tres meses que pasó en la Casa de la Muerte. Además, los británicos insistían en que los traslados de los prisioneros debían ajustarse siempre a ciertas reglas: ir esposados (con las manos a la espalda) y con los ojos vendados. Según dejó registrado Etchegoyen, la indicación era que “la capucha es el mejor método”. Para aumentar la desorientación, el traslado debía hacerse en círculos, de modo que el detenido “perdiera la noción del tiempo, la distancia y la orientación”.

Las condiciones que Inês describió sobre su traslado a la casa en Petrópolis fueron muy similares. “Me sacaron por la fuerza del hospital y me arrojaron a una camioneta C-14 que estaba estacionada en el patio. Acostada y con los ojos vendados, me llevaron a una casa que, con el tiempo, descubrí que estaba en Petrópolis”, contó.

El objetivo de mantener al detenido incomunicado, aislado del mundo y en condiciones degradantes era quebrar su resistencia y su voluntad para convertirlo en un agente doble, como se intentó con la superviviente del dispositivo del CIE. Entre las presiones descritas por los británicos figuraban mantener a la víctima en estado de alerta permanente, someterla a inactividad forzada, a una alimentación escasa, a un sentimiento de fracaso y desconfianza hacia sus compañeros, además de privarla de cualquier información. Etchegoyen dejó constancia de que la orientación era que el prisionero careciera incluso de lo básico: “Inicialmente, la alimentación (tras la autorización del interrogador) debe ser pésima y el agua, de mala calidad”.

Carlos Alberto Soares de Freitas, “Breno”, militante de VAR-Palmares, fue uno de los primeros presos políticos llevados a la Casa de la Muerte. Desapareció en Río de Janeiro el 15 de febrero de 1971, en el mismo período en que los oficiales del CIE y del SNI recibían las instrucciones sobre interrogatorios. La pasantía recomendaba seleccionar a los detenidos que serían trasladados al centro secreto, priorizando a quienes tuvieran información relevante. El coronel Paulo Malhães, exintegrante del CIE, que afirmaba haber sido responsable de la organización del lugar, reveló que la prioridad era elegir a comandantes y jefes de los “grupos de fuego” de las organizaciones de la izquierda armada, como Breno e Inês.

Profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Federal de São Carlos, Martins Filho señaló que la técnica de tortura conocida como la “heladera” fue otro de los métodos enseñados por los británicos. En la “heladera”, explicó, los prisioneros eran sometidos a cambios bruscos de temperatura, hasta experimentar frío extremo tras períodos de calor intenso. Este tipo de sala fue mencionado por al menos 52 ex presos políticos, la mayoría de ellos torturados en el Destacamento de Operaciones de Información del Ejército en Río de Janeiro (DOI-I), en la calle Barão de Mesquita, en Tijuca, en la zona norte de la ciudad.

La introducción de la “heladera” es uno de los temas abordados en el libro “Segredos de Estado: o governo britânico e a tortura no Brasil (1969-1976)”, en el que João Roberto Martins Filho analiza documentos británicos que detallan el conocimiento y la colaboración del Reino Unido con la dictadura brasileña en materia de métodos de tortura. En la obra, el autor cita el testimonio del ex preso político Álvaro Caldas, autor de “Tirando o capuz”. Caldas relató que permaneció una semana recluido en la “heladera” del DOI, “sometido a cambios de temperatura y a ruidos intensos”, y que solo salía, encapuchado, para ir al baño.

El informe elaborado por los militares brasileños tras la pasantía en Inglaterra menciona salas con un silencio casi absoluto y, al cabo de un tiempo, la introducción de un leve silbido constante y continuo, sin ritmo ni pulsación identificables. “Se aumenta o se reduce la temperatura del ambiente (según el clima) y se coloca al individuo en la posición más incómoda posible. Por lo general, el interrogatorio se facilita después de esto, aunque ha habido casos en los que ha sido necesario repetir todo el proceso preparatorio varias veces”, señala el documento.

“El informe es uno de los documentos más importantes que se han encontrado sobre las zonas oscuras del aparato represivo. Es un caso rarísimo de informe secreto sobre los vínculos entre el aparato represivo brasileño y el de otros países. Fue tan secreto que el sistema de espionaje estadounidense no lo detectó. Los estadounidenses no lograron identificar el origen de los cambios en los métodos de interrogatorio. Mucho menos las víctimas. Fue algo ultrasecreto, que se concretó con la llegada de personal del Ejército británico y la construcción de lo que se conoció como la ‘heladera’”, afirmó Martins Filho.

Parte de las enseñanzas británicas se desarrolló en la violenta represión de las acciones del Ejército Republicano Irlandés (IRA), organización paramilitar que, a comienzos de los años setenta, luchaba por la independencia de Irlanda del Norte. En agosto de 1971, según Martins Filho, 16 militantes del IRA fueron capturados y trasladados, encapuchados, a una base secreta británica al norte de Belfast (capital de Irlanda del Norte), donde fueron sometidos a lo que parecía “el ensayo de un método terrible de tortura”, denunciado posteriormente en un libro titulado The Guinea Pigs, de John McGuffin.

“Como en ese episodio, todo indica que los británicos querían probar antes las instalaciones en algún lugar”, evalúa el profesor.

Dividido en 17 capítulos, el informe lleva el sello de “secreto” en todas sus páginas. La “técnica de interrogatorio” figura en el capítulo 11. El documento también detalla el sistema de seguridad del Reino Unido de la época, así como conceptos de contrainteligencia y contraespionaje, sabotaje y selección y adiestramiento de personal.

En la conclusión, los oficiales brasileños señalaron que los británicos enseñaron estrategias para hacer frente a las denuncias de tortura presentadas contra Brasil en los países desarrollados, y manifestaron cierto malestar con la actuación de las agencias estadounidenses. Etchegoyen escribió que el interés británico en hacer la invitación respondía, entre otras razones, a una “comprensión respecto a la campaña contra la tortura” y también a una “preocupación centrada específicamente en Rusia, y ahora también en Chile, Colombia, Venezuela y las Guayanas”.

El informe señala que, durante la pasantía en las unidades secretas británicas, estaban prohibidas las anotaciones, con una “excepción concedida” a los cuatro oficiales brasileños, lo que explica el nivel de detalle que contienen las páginas del informe secreto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *