Murió Pancho Talento: es una persona y es una época

Nos vamos muriendo de a uno, y en cada despedida se aloja una parte de la historia común que también se va perdiendo. Y en algunos casos, esa parte que corresponde a cada quien, es mayor pues mayor también fue su protagonismo y su dedicación.
Hoy murió Pancho Talento, un compañero de aquellos inicios juveniles en donde, gracias a personas como él, se logró esa simbiosis maravillosa entre la militancia universitaria y el peronismo. Pancho tenía virtudes intelectuales notorias pero lo más destacado fue su calidad humana. Era un buen tipo. Era un dirigente, cuando lo fue en aquellos primeros setenta, que escuchaba, compartía y reflexionaba con cada uno de los que se acercaba con dudas, planteos o ideas.
Ser buen tipo no siempre garpa en la política. Algo de eso vivió Pancho cuando tuvo que sufrir desaires de gente mínima y que no alcanzaba siquiera la altura para hablarle cara a cara. Igual mantuvo esa aptitud valiosa de ser buena persona y con un agregado casi lombrosiano que hacía casi imposible no quererlo ¡tenía cara y aspecto de buen tipo!
Contra un universo social hostil y lejano de la identidad que él había abrazado, puso empeño en “nacionalizar” y “peronizar” al estudiantado universitario, y allí andaba en todas las facultades de la UBA y luego del pais llevando la propuesta y logrando la concreción de una organización peronista para los estudiantes de donde nace aquella mítica y masiva Juventud Universitaria Peronista que logra niveles de adhesión nunca vividos y se permite, desde esa realidad contundente, conducir gremial y académicamente muchas facultades.
Junto a José Pablo “Tala” Ventura son los númenes de aquella impresionante irrupción peronista en las estructuras estudiantiles en los finales de los 60 y comienzo de los años 70. Pancho conduce la JUP y desde allí es elegido primer presidente de un organismo gremial, plural y masivo como lo fue la Fulnba (Federación Universitaria, para la Liberación nacional, de Buenos Aires) en 1973/74.
Las etapas cambian y en su vertiginosa marcha se llevan por delante ilusiones e incluso futuros. Esa etapa de construcción primigenia, de esfuerzo titánico y de 24 X 7 metiéndole a la militancia, en esos rudos años, encuentra su quiebre junto a otros quiebres históricos que son para otras historias, como la muerte del general Perón y las variantes en las relaciones de fuerza que sostenían ímpetus populares y transformadores y dejaron de sostenerlos con tanta firmeza.
Allí llega para Pancho la cárcel, su paso inicial por la temida Coordinación Federal y luego el exilio, donde consolida una perspectiva crítica de su propia historia sin abjurar de las banderas más importantes que le brindaron sustento a su indeclinable identidad peronista.
El regreso del pais a prácticas de la democracia representativa también es el regreso de Pancho desde su exilio. Allí comienza su mundo académico, sus permanentes apuestas a experiencias de comunicación, sobre todo en la faz gráfica donde su presencia se hace habitual en revistas especializadas en política y peronismo. También participa del mundo universitario, del otro lado de su mostrador del pasado, ya que se convierte en un animador clave en el profesorado de la Facultad de Ciencias Sociales.
En ese ínterin cumple tareas como legislador porteño y ocupa gestiones en el ámbito diplomático. Me atrevo a decir que Pancho, siempre estuvo, para más y mejores niveles y hubo desacierto y falta de aprovechamiento de un dirigente de sobresaliente formación.
Pero eso es casi un dato administrativo, lo de Pancho es más importante cuando validamos su pensamiento, su forma de interpretar al peronismo y ubicarlo dentro de una Argentina, casi siempre en crisis y allí luce su mejor “talento” (como si el propio apellido lo adjetivara) ya que ofrece miradas lúcidas e inteligentes para explicar y comprender el “qué hacer” y como hacerlo, transformando desde su pedagogía militante, lo complejo en fácil.
Ese valor es lo que hoy se pierde. Esa parte de su muerte es la que más duele ya que nuestra mente comienza a ser consciente de su ausencia y de la imposibilidad de seguir contando con sus palabras, con sus enseñanzas, con sus atributos intelectuales que siguió ejerciendo con valentía y tremendo esfuerzo a pesar de la maldita enfermedad que quería negarle esa posibilidad.
Chau Pancho Talento. Vos sí merecés hoy, descansar en paz, en mucha paz.
07 de febrero de 2026 –
